Control Político Paz y DDHH, Paz y DDHH, Proyectos Paz y DDHH, Últimas noticias

UN VISTAZO AL PRIMER CAPITULO: LA COLOMBIA HERIDA

comisión de la verdad

AVANZAMOS EN LA LECTURA DEL INFORME DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD

La Colombia Herida es el primer capítulo del volúmen de hallazgos y recomendaciones del Informe Final de la Comisión de la Verdad: Hay futuro si hay verdad. Un capítulo que nos narra de manera profunda las implicaciones de la guerra para Colombia y nos acerca a la experiencia de las víctimas, para mostrarnos cuáles son los caminos que como sociedad debemos seguir hacia la reconstrucción.

 

Según presenta el Informe, “se calcula que, en el contexto del conflicto armado, 8 millones de hectáreas de tierra han sido despojadas de forma violenta. (…) De acuerdo con la Unidad para la Atención y Reparación de Víctimas, 32.812 personas han declarado haber sido despojadas de sus tierras y 132.743 han declarado pérdida de muebles o inmuebles asociada al conflicto armado”. Por su parte, la Unidad de Restitución de Tierras reporta que, a corte del 31 de mayo de 2022, se habían radicado 17.543 demandas de restitución de tierras individuales ante instancias judiciales, para un total de 30.331 solicitudes por parte de las víctimas en todo el país.

 

El despojo de tierras asociado al desplazamiento forzado ha llevado a la pérdida de modos de vida, procesos organizativos y producción agraria tradicional con el consiguiente aumento de la desigualdad y la precarización. Los impactos en la vida de las víctimas no se reducen sólo a los hechos victimizantes, sino que prolongan sus secuelas en el tiempo; en este caso, el perjuicio no está presente sólo en el despojo y el desplazamiento per sé, sino todo lo que hay detrás de ello; para muchas comunidades la ruptura obligada de su relación con el territorio y la naturaleza significó una afectación a su cultura, su identidad, su esencia y sus derechos colectivos.

“Los impactos de la guerra han afectado a movimientos sociales y sujetos colectivos, así como a comunidades y pueblos étnicos. Estas afectaciones se vinculan con los impactos en su relación con el territorio o la naturaleza, y los distintos significados que adquieren los hechos en su cultura”.

 

La Comisión precisa que el conflicto armado supone una afectación directa al menos para el 20% de la población colombiana que resultó víctima y acota que más del 90% de las víctimas pertenecen a la población civil; en relación a esto, señala que “la población campesina y la urbana empobrecida, los pueblos étnicos, las mujeres de sectores populares y las niñas, niños y jóvenes en áreas rurales o urbanas marginalizadas han sido los más afectados por el conflicto armado”. Así, según la Unidad para las Víctimas, el 48,9% de las víctimas son mujeres, de las cuales el 18,1% pertenece a pueblos étnicos, el 22,1% tiene entre 0 y 17 años y el 22,7% tiene entre 18 y 28 años. Por otro lado, el Informe señala que en el período comprendido entre 1996 y 2008, la agudización de la guerra y la violencia contra la población civil y los territorios se extendió por el país, generando aproximadamente el 75% de las víctimas.

 

El conflicto armado le arrebató a miles de niños, niñas y adolescentes la posibilidad de tener un futuro digno, por muchos años tuvieron que ser testigos de hechos atroces o vivir ataques a su propia cotidianidad, se les ha negado las posibilidades de educación, y además, señala la Comisión “han tenido que enfrentar el impacto emocional y en su propio desarrollo de socializarse en la guerra, sin familiares ni vínculos afectivos determinantes para la construcción de su personalidad, o se han visto violentados por la desprotección del Estado”. Esto último se refleja en la instrumentalización que se hizo de ellos por parte de los grupos armados. El reclutamiento forzado es uno de los flagelos más crueles que deja tras de sí la violencia armada, acorde a datos presentados en el Informe, se estima que entre 26.900 y 35.641 niños, niñas y adolescentes fueron reclutados en el período 1986 – 2017. Este fenómeno ha hecho que la niñez, todavía hoy, se vea involucrada en la guerra en un contexto de desprotección y falta de alternativas para su propio desarrollo y el de sus comunidades.

 

La construcción de Paz nos supone un ejercicio de reconocimiento, verdad y memoria que pase por la visión de país integral e inclusiva.